Veía este fin de semana una de las tantas películas que últimamente, por convalecencia, me dedico a ver. Creo que las mejores películas son esas que cuando empiezas a verlas tus expectativas son patéticas y cuando acabas resultan mucho más interesantes, e incluso dices “¡Pues tampoco estaba mal”! Eso me pasó el sábado cuando vi - y ahora no os escandalicéis con el pedazo de referencia cinematográfica- Julie&Julia. Sí, reconozco que es una película que no va a marcar un antes y un después de cómo hacer un largo de 2 horas sin caer muerto de sueño, pero me gustó. Y me gustó, en primer lugar, porqué sale una de esas actrices que me tiene loco, loco, loco; Meryl Streep y porqué habla de algo que siempre me interesó, la cocina. Buena mezcla entonces.
Dicen que cocinar relaja, incentiva el ingenio y, cuentan las revistas, que está de moda. Yo creo que cocinar es la manera más fácil para descubrir en pocas horas si eres capaz de sacar de la nada (4 hortalizas y pasta) un plato interesante (salteado de lazos de colores con jardín de verduras a la vinagreta). Y hablando de cocinar, es una de esas tareas que mucha gente ve como un suplicio y muchos otros vemos como una auténtica válvula de escape de la vida sinsabor. Como pasa con el limpiar, el escribir o leer. Cortar, machacar, remover, cocer, calentar y sobretodo probar, mmm… ¡Chuparse los dedos es de lo mejorcito que hay en esta vida! Y creo además que si mi profesión como periodista desaparece –y como está el patio no lo veo yo muy lejano-, ¿Quién dice que no me podría poner delante de unos fogones?
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