Tengo a mí alrededor mucha gente que cuando tiene que volar se muere. Y se muere porqué cree que en los aires puede morir. El miedo a volar es un mal común entre algunos de mis amigos y por mucho que intente matar la fobia con eso de que “es el transporte más seguro” ellos siguen asustados, perdidos y atemorizados. Cada vez que oyen la palabra aeropuerto su cara se tiñe de blanco, sus cuerpo tambalean y su voz se entorpece. Pobres! Sí que es cierto que esta semana hemos visto en los medios distintos accidentes aéreos como el aterrizaje forzado de Sydney u otros mortales como los de esta noche en Cuba i Pakistan ,pero no podemos dejarnos llevar por la tragedia puntual que de vez en cuando azota la navegación aérea. Cuantos accidentes de moto y de coche hay en nuestro país a diario y, ellos y todos, seguimos conduciendo a lo loco y sin frenos?
Mis amigos los miedosos dicen que estos episodios que ven en las noticias no les ayudan a superar su miedo y algunos ya empiezan a rendirse. Yo les digo que les tienen que servir como terapia de choque y que no pueden hacer de la anécdota la tónica general. Mal vamos! No voy a dejar de volar porqué veo más accidentes. Negar el avión es negar una parte del mundo. No me creo los que dicen que volar es una experiencia extra sensorial, y tampoco esos que lo bautizan como algo tremendamente terrorífico. Volar sólo debe ser un momento de tránsito para acabar en un destino, como el ascensor que te lleva al ático o las escaleras mecánicas que te suben a planta decimocuarta. Así que menos miedos caperucita i más Valium!
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